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Archivo de la etiqueta: New order

Hace un tiempo escribí sobre las primeras escuchas de esas canciones que quedan grabadas en nuestra mente mas allá de la trascendencia comercial y la siempre excesiva rotación radial. Y lógicamente todas esas canciones están asociadas a diferentes espacios. Barrios, plazas o calles sirvieron de locación para que esas melodías se presenten en nuestras vidas.
Un ejemplo en mi vida es la Avenida Cabildo, especialmente el perímetro que va desde la calle Echeverría hasta Monroe, en 5 calles transcurrió una gran parte de mi vida adolescente. Era lugar de encuentro, de formación cultural, de vanguardia, de amores y catástrofes, básicamente todo aquello que suele ser nuestro único interés cuando se empieza a vivir.
Esta avenida para mi es The Cure, Ramones, Madness, U2, Tears For fears, Echo and the Bunnymen, Simple Minds, New Order y solo son algunos ejemplos representativos. No puedo escuchar canciones de estos grupos sin relacionarlas con La galería Churba, la discoteca Star Light y el olor de la pizzería Burgio, un lugar al que jamas se atrevió a entrar un inspector de bromatología.
Otro lugar inolvidable es la casa donde vivía mi amigo Camilo con sus tías en el barrio de Nuñez , era un templo donde cualquier noche de la semana uno era bien recibido, allí escuchábamos a los Doors hasta el agotamiento, la literatura se combinaba con hamburguesas de Rojo y Negro y partidas de Black Jack con Javier, nuestro tahúr particular. Para mi Jim Morrison no es Sunset Strip ni Venice Beach en Los Angeles, es Libertador a la altura del estadio Obras Sanitarias.
Otro recuerdo que tengo grabado en mi memoria es mi casa natal en el barrio de Palermo viejo, cuando la calle Armenia se llamaba Acevedo. Allí el rey durante mi infancia fue el vinilo, recuerdo que ponía el disco “I Robot” de Alan Parsons Project, me recostaba en el suelo de madera y me colocaba bestialmente los altavoces pegados a mis oídos intentando que la música entre profundamente a mi cerebro. Creo que esas fueron mis primeras experiencias psicotrópicas involuntarias…
Y hoy día no podría imaginar la sala de edición de MobuzzTV sin música de fondo, ya existen clásicos de ese espacio, allí sonaron mas de mil veces canciones como “Los olvidados” de Sidonie, “Sunny” en la tremenda versión de James Brown, “Good Vibrations” de Brian Wilson o “Por Mi tripa” de los Pereza. Y mas de una vez, cuando el cansancio, el hartazgo, las malas noticias o la adversidad se hicieron presentes en ese lugar, cualquiera de los allí trabajamos supimos poner la canción adecuada en el momento exacto, y este es un recuerdo que me quiero guardar para siempre.

(Sony no me deja poner el video original, lo siento)

Recuerdo perfectamente la primera canción que grabé en mi vida, “Look Sharp” de Joe Jackson. Sonaba en la radio una tarde del año 1981, me gustó el ritmo -años después descubrí que eso era la new wave- Rápido, para no perderle apreté fuerte las teclas de play y rec de mi grabador monoaural, regalo de mi cumpleaños número 11. De esta manera comenzó mi viaje por el mundo de las compilaciones.
Sí tenemos en cuenta que dejé de usar cintas de audio allá por el año 2000 calculo que en casi 20 años debo haber grabado más de 1500 tapes.  Lógicamente las primeras grabaciones respondían al caos o a la voluntad de las emisoras radiales. Y – como todo niño que quiere formarse su propio gusto musical- tenía que estar pendiente cada vez que sonaba alguna de las canciones que me interesaban. Más de una vez atravesé corriendo el salón de la casa para lograr grabar algún hit de Kiss, Queen o Alan Parsons Project.
Luego, con la pubertad llegaron las alteraciones hormonales y con ellas los primeros bailes en casas de amigos, y creo que a estas alturas del relato ya saben quien era el encargado de la música. En estas situaciones  lo fundamental era  mantener el clima para conseguir el tan preciado “beso de alguna niña”. Tarea extremadamente difícil, compleja y sacrificada. En más de una ocasión tuve que soportar pinchar canciones espantosas de Sandra Mihanovich o Cesar “Banana” Pueyrredón que las detestaba, todo sea en favor de conseguir los labios amoroso de una chica; si el  beso llegaba, el calvario padecido valía sinceramente la pena.

La verdadera posibilidad de lograr los compilados perfectos llegó a mi vida cuando me regalaron un equipo Panasonic de doble cassettera, allá por el año 1987. A partir de ese momento todo un universo se abría frente a mis oídos. Más allá de poder copiarme material de mis amigos que yo no tenía, con mi nuevo equipo podía grabarme los compilados más maravillosos para mi walkman. De esta manera lograba que me acompañe la música ideal para cada momento. Días tristes o nublados The Cure, Echo and the Bunnymen y Bauhaus. Días felices o soleados New Order, Madness y Housemartins.
Así fue haciéndome del hábito de salir a la calle, al menos con n tres cintas. Sabemos que la ciclotimia es frecuente en los adolescentes y ante la posibilidad de enamorarme de la mujer de mi vida, que lleguen los extraterrestres o que me abandonara mi novia de ese momento no podía encontrarme expuesto a semejante situación sin el back up musical correspondiente. Pero el objetivo principal de las cintas compiladas es otro y todos los sabemos, llegar al lugar más profundo del corazón de las chicas.

Grabarle una cinta a una chica se plantea como una tarea complejísima. La elección de la canción incorrecta podía hundirnos en el terreno del desprecio total. Los mensajes entre líneas tenían que lograr el efecto subliminal deseado. Que básicamente se trataba de que caigan rendidas a nuestros pies -no por nuestra belleza- sino por nuestro maravilloso gusto musical. También las matemáticas y la física jugaban un papel fundamental en estos casos. Era primordial calcular las duraciones para lograr que queden pocos segundos y así completar los 30 minutos de un lado. El mayor esfuerzo que debía tomarse nuestra amada de turno era girar la cinta y poder seguir disfrutando de nuestro arte como compiladores. En estos casos se usaba un bolígrafo bic para los ajustes milimétricos de la posición de la cinta con el cabezal de grabación y de esta manera empalmar los finales. Esto era un verdadero arte de relojero suizo. La sola idea de que una canción se cortara nos hacía merecedores de la guillotina o el garrote vil.

El tiempo pasó inexorable,  la era digital de la mano del CD se cargó esta tarea artesanal, ni hablar del daño causado por el mp3 y el intercambio de música a través de la web. Se acabó el romanticismo.
Supongo que hoy si una chica te dice que le gusta una canción de Snow Patrol le bajas la discografía completa (incluidos piratas) y listo el pollo.

Pero en mi caso tuve una segunda oportunidad. Cuando me vine a vivir a Madrid la mejor manera que encontré de contarle a mis amigos más cercanos sobre mi nueva vida, fue grabando compilados en CD con la música que llegaba a mis oídos en esta etapa madrileña. Aquellos pocos elegidos que recibían mis discos sabían leer perfectamente mi estado de ánimo a través de la música seleccionada.
Cuando preparaba estos discos volvía a concentrarme como en aquellos años donde podía pasarme de 3 horas a 3 días persiguiendo el sueño inocente e intrascendente del compilado perfecto…

Gracias Pato (@edecanurbana) por corregir este post con tanto cariño :)

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