Archivos por Etiqueta: Bersuit Vergarabat

Creo que con este post voy a ganar enemigos, pero en ciertos casos considero que es necesario.
Tengo un grave problema con la cultura del “rock barrial” de mi país natal, sobretodo porque creo que su nacimiento surge de un error gigantesco de interpretaciones y oportunismo ante la impotencia del fracaso.
Nunca entendí que planetas se tuvieron que alinear para que el discurso de un intelectual de los setentas como es el Indio Solari pudiera calar tan hondo en gente que no tiene ni puta idea del contenido de sus palabras.

Personalmente creo que Inevitablemente la agradable sensación de control se apodero de nuestro amigo y todos sabemos que ese caramelo es demasiado sabroso. Recuerdo cuando mi amigo Fernando decía que si al Indio se le ocurría gritar durante un concierto en un estadio de River Plate repleto “Salgan a matar” las hordas enardecidas envalentonadas en el inconsciente colectivo se hubieran cargado a la mitad de la población del barrio de Nuñez.

Necesito hacer una aclaración antes de seguir. Considero a Solari como uno de los mejores escritores de rock de la Argentina, su uso de la metáfora quedara en la historia. Pero el problema esta en la gran confusión de la gente que se sabe sus canciones pero no lo escucha ( y ni hablar de interpretar) el mensaje de sus textos, solo los utilizan de bandera para una violenta catarsis de sus miserias personales y reales.
No es casual que todo este fenómeno sucediera durante la segunda década infame de la Argentina. La exclusión social empujo a una juventud resentida a la necesidad de ghetto, a abrazarse en una solidaridad de lo horrible,  y lo que no une el amor lo une el espanto.
Los primeros brotes de este fenómeno surgieron después de la separación de los Redondos. Estos nuevos grupos apoyaban el bardo pero creían en la posibilidad de algo mejor, todavía quedaba un atisbo de esperanza. Claros ejemplos son Los Piojos y la Bersuit Vergarabat , Hoy día estas bandas cuentan con una popularidad absoluta y solo con tirarse un pedo y grabarlo ya venden 100.000 copias. Personalmente siento que Los Piojos perdieron la fuerza, dejaron de creerse la payasada y sus últimos trabajos son un intento de redención para superar la vorágine de aquellos años.
Y la Bersuit es un caso aparte, empecé detestándolos, no soportaba su apología al caos vacía de contenido y acordes. Luego la mano de Gustavo Santaolalla los sumó al sonido “en los noventa mola ser latino” Su trabajo fue el de un pastor que convirtió esa sublimación de ovejas confundidas pero con algo de talento en arte. De este período surgen muy buenos trabajos como “Libertinaje” o “Hijos del Culo”, pero lamentablemente el final no es feliz, el éxito trajo el dinero y la crisis económica de la Argentina la oportunidad ideal para dejar de crear y convertirse en la apología del fracaso argentino, su último disco me parece un insulto a la inteligencia. Lógicamente ya no cuentan con el Zar de la música latina en sus filas, pero esto es solo cuestión de tiempo.
Y los últimos desprendimientos de esta cultura malinterpretada del barrio bajo me resultan directamente inaudibles, bandas como La 25, La Covacha, La Mancha de Ronaldo, Pier, Intoxicados o Jóvenes Pordioseros son un claro ejemplo de la falta absoluta de talento.
Lamentablemente la consumación mas infernal de esta cultura fue el suceso de Callejeros, la tragedia se originó durante un concierto en una sala ilegalmente habilitada llamada Cromañon donde murieron 194 personas por la apología al descontrol. El fuego de una bengala encendida por una cultura patrocinadora de la imbecilidad alcanzó para apagar las vidas de toda esa gente. En ese concierto murió mas gente que en los atentados de Atocha. Es la peor tragedia de la historia del rock en todo el mundo, todo un mérito para los mentores de esta cultura del vacío.
No soporto el rock cabeza, y creo que me sobran los motivos.

Los dejo con algo de esperanza, uno de los pocos frutos felices de toda esta cultura.

Lavapiés 2005

Creo que la nostalgia es un sentimiento tan inevitable como el amor, el odio o la tristeza, no hay forma de controlarla y casi siempre que aparece tiene la batalla ganada. Es una tonta ilusión tratar de escapar de ella, no se puede simplemente cruzar la calle y evitar el encuentro, lo mejor es poner el pecho y recibir los golpes de la manera mas decente.
Demás está decir que cuando uno se muda de país su presencia es una constante. Los primeros tiempos suelen ser los peores, después las necesidades básicas, el dolor o simplemente el tiempo se encargan de moldear la coraza que rodea al corazón que, para ser sinceros, solo sirve para aguantar los golpes de mejor manera, no para evitarlos.
Y si uno es una víctima de la música como quien suscribe, la cosa se pone totalmente chunga. Recuerdo mis primeros y solitarios paseos por Madrid escuchando canciones de Charly Garcia, Divididos o Andrés Calamaro y amplificando la nostalgia natural de sus letras hasta las lágrimas.
Recuerdo dos momentos en particular. El primero es volver en autobús de un hospital en las afueras de Madrid escuchando el disco de la Bersuit VergarabatLa Argentinidad al palo”. El disco me resultaba bastante flojo y se empezaba a notar que la banda ya no podía sostenerse mucho tiempo mas en el lugar de “somos los chauvinistas que protestamos contra todos los males de este mundo” pero llegó la última canción del disco dos y se cayó todo el bonito discurso que tenía armado. La letra de “el viento trae una copla” se plantaba delante de mi cara (y los oídos) para decirme de donde venía, y relatarme toscamente la realidad de muchos compatriotas que llegaron a estas tierras convencidos de algo que no existía. Sin querer justificarme creo que la emoción principal radica en el crescendo de la canción y esos coros tipo murga uruguaya. Sea lo que sea las lágrimas brotaban de mis ojos sin control.
La siguiente vez fue después del primer viaje a Buenos Aires de mi mujer. Ella viajó sola porque yo estaba muy reacio a volver, me ganaba el dolor y no podía asumir la idea de viajar a Argentina, ni siquiera de visita.
Lógicamente vino cargada de alfajores, delicias gastronómicas varias y lo mas importante para mi, música. En ese momento se había publicado un disco el vivo de León Gieco titulado “El Vivo de León”, recuerdo que mi mujer se incorporaba al trabajo ese mismo día, la acompañe a tomar el autobús y puse en mi discman el cd en cuestión, la primera canción se titula “cinco siglos igual” y la canta a capella con el público. Escuchaba la letra (básicamente habla del brutal derramamiento de sangre en la conquista de América, que actualmente continúa inexorable.) y no había forma de parar mis lágrimas y mi emoción. Ese día empecé a plantearme la posibilidad de volver a visitar a mi gente en Argentina.
Pero como todo cambia (sobretodo la gente) y el tiempo es tirano, la cosa se empezó a transmutar un poco, el proceso no fue sutil, pero si muy lógico.
Cuando se estreno la película de AlmodóvarVolver”, una de las formas de promocionarla era un videoclip de Penélope Cruz cantando el tango volver (no se emocionen demasiado, la que ponía la voz era Estrella Morente) y cada vez que la canción sonaba en la televisión mi mujer comenzaba a llorar inmediatamente. Digamos que la letra lógicamente conmueve, el asunto es que esta vez la música tenia un punto flamenco importante, ahí empecé a notar que algo estaba pasando.
Por otra parte, mas allá de la crisis económica y artística que personalmente creo sufre mi país de origen, año tras año eran menos los discos que encargaba allí y mas los que compraba aquí. Debo reconocer que después de casi 6 años la diferencia es abismal, cada dos discos argentinos, no menos de diez españoles.
Y ahora me encuentro sintiendo como propios a artistas como Nacho Vegas, Iván Ferreiro, Enrique Bunbury o Lichis de la Cabra Mecánica. Tengo sus discografías completas y no me apetece vivir sin ellas, la necesaria pertenencia a mi nuevo hogar hizo que estos artistas en cuestión se vuelvan imprescindibles en mi nueva realidad.
Por eso en mi último viaje a Buenos Aires, cuando paseaba por mi querido Palermo, y no confundir con el actual palermogólico, soy de Palermo Viejo de toda la vida (la foto del link es de la calle donde yo nací) estaba escuchando “El extranjero” de Enrique Bunbury en mi ipod y tenía la sensación de estar lejos de casa. Y mas allá de sentirme muy a gusto con los míos había algo que me faltaba, ahí me di cuenta que empezaba a sentir nostalgia por mi nuevo hogar, y que por culpa de ese sentimiento detrás de la próxima esquina estaba plantada la nostalgia, un poco mas joven, preparada para atacarme otra vez.

2085666.jpg Hace unos años cuando vivía en Buenos Aires tenía una pequeña productora de video con dos amigos, Gabriel y Pablo. Mas allá de los muchos buenos y pocos malos momentos que recuerdo de aquella época había algo especial en el asunto, disfrutábamos como enanos con lo que hacíamos, y lógicamente la música estaba de fondo todo el tiempo, no podía ser de otra manera.
Una tarde, escuchando la rock & pop estaba Gustavo Cordera (cantante de la Bersuit Vergarabat) contando la música que escuchaba en ese momento, y empezó a hablar de un músico uruguayo que le parecía buenísimo y recién había sacado un disco, el CD en cuestión era Frontera y el artista era Jorge Drexler.
Como corresponde en estos casos, al día siguiente fui a por el disco y me costo recorrer muchas disquerías de la ciudad hasta conseguirlo, no porque fuera muy popular como lo es ahora sino porque no lo conocía casi nadie.
Cuando lo escuchamos con los chicos quedamos enganchadísimos, no se cuantas vueltas dio ese CD en el reproductor del estudio, no podíamos dejar de escucharlo, la exacta mixtura entre lo folcklórico y la electrónica lo convertía en un producto genial.
El siguiente disco se llamó Sea y me lo trajo de España Gabriel (junto con el Salmón quíntuple de Andrés Calamaro que no se editaba en B.A.) cuando vino por primera vez a testear estas tierras con planes de radicación. Esta es otra joya de su discografía que asocio a mi migración, lloré mucho en Madrid escuchando estas canciones, y nunca olvidare cuando me reuní con mi mujer después de pasar los primeros meses sin ella, nos besamos bajo la lluvia mientras en mi discman sonaba la canción Sea.
Otro recuerdo tremendo que tengo es cuando salió el disco Eco, al día siguiente fueron los atentados de Atocha, recuerdo que dos días después estaba en el metro con el corazón destrozado llorando lagrimas incontrolables junto con montones de personas a las que le sucedía lo mismo, y lo único que me consolaba en el dolor era escuchar la canción polvo de estrellas.
Luego todos conocen la historia. La canción Al Otro Lado del Río de la película Diarios de motocicleta lo convierte el dueño de un oscar ( a pesar de la versión de Antonio Banderas en la gala) y llega la popularidad a grandes niveles. Tuve la suerte de verlo en vivo en un pequeño teatro de Alcalá de Henares en un concierto muy intimo, su comportamiento en escena es de una humildad impresionante, y al escucharlo logra transmitir la misma tranquilidad que Caetano Veloso. Todo un artista.
Y gracias a el conocí a artistas como Eduardo Mateo, volví a escuchar a Rada, Los Fatorusso (en todas sus versiones), Zitarrosa y el gran Jaime Roos, grandes artistas del otro lado del río.
Esta semana salió a  la venta un disco en vivo grabado en su ultima gira llamado Cara B (lo estoy comprando en iTunes mientras escribo esto) y mientras lo escucho recuerdo la intimidad de aquel concierto, y algo parecido a la paz se apropia de mi persona, tarea complicada si las hay.