Hoy comienza un viaje a la emotividad, vuelvo a Buenos Aires para pasar allí una semana desbordante de vértigo, ansias, risas, locura y emoción, creo que no me va a quedar tiempo para dormir.
La excusa esta vez es la boda de mi hermano del alma, 25 años de profunda amistad son sobrados motivos para estar viviendo ese importante acontecimiento de su vida en directo. Por esto y por otras circunstancias tendré el pecho funcionando a corazón abierto durante el tiempo que pase en mi ciudad, y esa constante sensación de que la lágrima esta a punto de brotar en cualquier momento.
Esta vez creo que la nostalgia va a ocupar un lugar muy importante en mi viaje, mi vida cambio demasiado y ahora ciertos recuerdos pesan mas que otros, lugares compartidos, nuevas ausencias y un volver a empezar que nunca llega.
Un protagonista fundamental en esta historia es el barrio, ese que solo vive en el recuerdo pero que late al ritmo de mi corazón. Ese que fue testigo de lujo de mi amor mas puro y de mi dolor mas profundo, el mismo que me vio jugar, reír y llorar, ese lugar que por mas que ahora lo disfracen con chafalonerías sigue siendo duro como sus adoquines, ese barrio que es mio, y solo mio.
Así que este Porteño de ley los deja pero promete volver, porque nunca se fue, siempre esta llegando.


